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Pero el gato lo engañó y consiguió que se convirtiera en un ratón para demostrar su poder y, apenas lo hizo, se lo comió de un bocado. De esta manera, el gato se apoderó del castillo y de las tierras del gigante, que pasaron a ser propiedad de su amo, el joven molinero apodado ahora “marqués de Carabás”.
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